Una alimentación baja en grasas produce cambios hormonales

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Las adolescentes que consumen una dieta baja en grasas presentan cambios en los niveles de sus hormonas sexuales durante varios años después de haber iniciado su modificación en el hábito alimenticio. Todavía no se conoce si estas medidas podrían servir en la prevención de algunos tipos de cáncer que tienen dependencia hormonal.

La relación entre una dieta con alto contenido en grasas y el riesgo de cáncer de mama ha sido estudiada ampliamente desde 1940, año en el que en una investigación con ratas observó que aquellas alimentadas con muchas grasas presentaban una incidencia mayor de tumores mamarios que los roedores que tomaron nutrientes bajos en grasas.

A pesar de los resultados obtenidos con animales, y de la mayor mortalidad por cáncer de mama en los países occidentales –cuya dieta tiene un contenido de grasas elevado—, no se ha llegado a ninguna conclusión a través de estudios controlados que han valorado la asociación entre una dieta grasa y el desarrollo de cáncer de mama.

Se conoce también que los tumores mamarios son hormonodependientes y que las  postmenopáusicas que presentan concentraciones elevadas de estrógenos y andrógenos son más propensas a desarrollar este cáncer que aquellas con unos niveles más bajos de estas hormonas. Por este motivo, Joanne F. Dorgan, doctora del Centro Oncológico Fox Chase de Philadelphia, y sus colaboradores realizaron un estudio de intervención dietética en niñas para examinar si una dieta baja en grasa produce alteraciones hormonales durante la adolescencia.

Desarrollo del estudio
La investigación, publicada en ’Journal of the National Cancer Institute’, incluyó a 286 chicas de entre ocho y 10 años que fueron asignadas de forma aleatoria a un grupo que tomaba una dieta baja en grasa o a otro grupo cuya alimentación era normal. Los investigadores midieron las concentraciones de las hormonas sexuales al comienzo del estudio y después del primer, tercer, quinto y séptimo año.

Después de cinco años, las chicas que tomaron una dieta con menos grasas (totales y saturadas) presentaron niveles hormonales más bajos de los estrógenos en la primera mitad del ciclo menstrual y una concentración mayor de la hormona testosterona xxx en la segunda mitad de su ciclo. A los siete años, durante la segunda fase del ciclo menstrual, el grupo de intervención tenía la mitad de niveles de progesterona que las del grupo control.

Para los autores, los resultados sugieren que una pequeña reducción de las grasas totales, saturadas y quizás de la ingesta calórica en la dieta durante la adolescencia puede alterar la producción hormonal, proceso en el que están involucrados el cerebro, la hipófisis (una glándula que produce hormonas) y el ovario.

Las diferencias observadas en el estudio podrían reflejar un retraso en la maduración de este proceso en el grupo que tomó menos grasas. “Si estas diferencias influyen en última instancia en el riesgo de cáncer de mama se desconoce actualmente”, concluyen los investigadores.

Investigadores desarrollan un nuevo método de detección de la diabetes

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Un equipo de científicos canadienses ha desarrollado un nuevo método, aplicado hasta ahora con ratones, que permite medir la tasa de células responsables de la diabetes, lo que puede permitir en el futuro diagnosticar precozmente la enfermedad y tratar a los individuos con riesgos.

Según el equipo del profesor Rusung Tan, del hospital de niños de Vancouver (Canadá), cuyos trabajos son publicados en la revista especializada Journal of Clinical Investigation, esta técnica podría ser utilizada en humanos y probablemente también para detectar otras enfermedades autoinmunes.

En un comentario que acompaña la publicación del informe sobre estos trabajos científicos, los doctores George Eisenbarth y Brian Kotzin, del centro Barbara Davis de estudios sobre la diabetes de la Universidad de Colorado, recalcan la importancia de la investigación del equipo de Vancouver y estiman que los mismos podrían aumentar la capacidad de diagnóstico precoz de la diabetes y, más generalmente, de las enfermedades autoinmunes.

La diabetes afecta a 17 millones de personas en Estados Unidos y constituye la cuarta causa de fallecimiento en este país. Más de dos millones de personas sufren de la forma más grave de la enfermedad, la diabetes insulinodependiente, también conocida con el nombre de diabetes juvenio o diabetes de tipo 1.

La diabetes hace que los glóbulos blancos del paciente, normalmente encargados de combatir las infecciones, actúen en realidad contra el propio organismo del enfermo. Los glóbulos blancos atacan células específicas del pancreas, las células beta o células de Langherans, encargadas de producir la insulina, la hormona que convierte los alimentos en energía. Con el tiempo, el número de células beta destruidas es tal que el organismo del enferme carece de insulina y desarrolla una diabetes.

La diabetes, sumando todos los tipos de la enfermedad, afecta a más de 150 millones de personas en el mundo.

Los gusanos favorecen la limpieza de las heridas que no cicatrizan bien

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Un estudio holandés ha descrito los beneficios de la utilización de gusanos para el tratamiento de heridas que no cicatrizan por culpa de la infección o de otros problemas.

Los gusanos se alimentan de tejido muerto y destruyen las bacterias. En ocasiones, esas heridas no les dejan a los médicos más opción que la amputación total o parcial del miembro afectado.

A pesar de que los autores del estudio, publicado en la revista “Clinical Infectious Diseases”, no compararon a los pacientes tratados con gusanos con individuos con heridas similares pero tratados con otras técnicas, observaron que al poner los gusanos sobre la herida traumática se facilitaba la limpieza del área y, en algunos casos, prevenían la amputación.

G. N. Jukema, autor del estudio de la Universidad de Leiden, en Holanda, y su equipo han señalado que “cuando los gusanos se colocan en la herida abierta, segregan unas proteínas que rompen fragmentos del tejido necrótico, creando un líquido que inyecta el animal. Además, liberan sustancias que ayudan a que la piel dañada no se vuelva a infectar, y al desplazarse por la herida favorecen el crecimiento de tejido nuevo”.